Trastornos de Ansiedad
Entienda que son y cómo se manifiestan los Trastornos de Ansiedad
¿Qué son los Trastornos de Ansiedad y Estrés?
Los trastornos de ansiedad forman parte de una categoría clínica reconocida por el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría. Se trata de un conjunto de condiciones psicológicas caracterizadas por la presencia persistente de miedo, angustia, hiperalerta emocional y síntomas físicos desproporcionados, en ausencia de un peligro real o inminente.
Desde una perspectiva neurobiológica, los trastornos de ansiedad se relacionan con una sobreactivación del sistema nervioso autónomo, en especial del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA) y de estructuras cerebrales como la amígdala, encargada de procesar el miedo. Esta activación constante del “sistema de alarma” hace que el cuerpo y la mente permanezcan en un estado de hipervigilancia, incluso en contextos seguros.
Pero más allá de su definición clínica, la ansiedad desregulada es una experiencia profundamente humana. No es solo un trastorno que se diagnostica, sino una forma en que el cuerpo y la psique nos hablan cuando nos sentimos sobrepasados, desbordados o desconectados de nuestra seguridad interna. En este sentido, cada manifestación de la ansiedad es, también, una señal que merece ser escuchada y comprendida con sensibilidad.

Síntomas
Los síntomas son tantos físicos somo psicológicos:
– Palpitaciones, opresión en el pecho, sudoración
– Dificultad para respirar o tragar
– Inquietud, temblores, tensión muscular
– Mente acelerada, dificultad para concentrarse
– Preocupaciones constantes e incontrolables
– Alteraciones del sueño y del apetito
– Miedo a perder el control, a enloquecer o a morir
Manifestaciones Clínicas de la Ansiedad
Una sola angustia – Varias expresiones

Síndrome de Burnout
El colapso del sistema cuerpo-mente por sobrecarga crónica
El síndrome de burnout no es simplemente estar cansado. Es un estado profundo de agotamiento emocional, mental y físico que emerge cuando la exigencia sostenida supera la capacidad de recuperación psíquica. Se manifiesta con una sensación de vacío interior, falta de motivación, irritabilidad, insomnio, desconexión afectiva y, muchas veces, una pérdida del sentido del propósito personal o profesional.
Psicológicamente, el burnout es la expresión de un desequilibrio prolongado entre lo que damos y lo que recibimos. Ocurre con frecuencia en personas que, por vocación o compromiso, se entregan intensamente a su labor —especialmente en profesiones de cuidado, educación, salud o atención al público— sin contar con espacios reales de descanso, validación o límites saludables.
La mente entra en un modo de “supervivencia funcional”: seguimos cumpliendo tareas, pero desde el automatismo y la desvitalización. La empatía se debilita, el placer desaparece y aparecen pensamientos autocríticos que alimentan la culpa o la sensación de fracaso.
Dimensiones clínicas:
– Agotamiento emocional: fatiga, insomnio, desmotivación
– Despersonalización: actitud cínica o desconectada del entorno
– Sensación de ineficacia personal: baja autoestima, inutilidad
En términos endocrinos, se observa una desregulación del cortisol y de los sistemas dopaminérgicos vinculados a la recompensa. Desde lo existencial, muchas veces el burnout es un síntoma de desconexión con los propios valores y límites.
La psicoterapia ayuda a restablecer el contacto con los recursos internos, resignificar la relación con el trabajo o los vínculos, y construir nuevas formas de habitar la productividad sin autoabandono.

Trastorno por Estrés Póstraumático
El Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) es una respuesta psicológica profunda frente a una experiencia que ha desbordado los recursos emocionales de una persona. No es un signo de debilidad, sino una manifestación del impacto que ciertos eventos dejan en nuestra psique.
Accidentes, violencia, pérdidas repentinas o cualquier situación percibida como una amenaza grave pueden desencadenarlo. Aunque el peligro ya haya pasado, el cuerpo y la mente actúan como si aún estuvieran allí.
Desde el punto de vista clínico, el TEPT se caracteriza por síntomas como recuerdos intrusivos, pesadillas, hipervigilancia, evitación emocional, insomnio, irritabilidad y sensación constante de peligro. Pero más allá de los criterios diagnósticos, se trata de una herida invisible que afecta profundamente el modo de vivir, relacionarse y confiar.
Psicológicamente, este trastorno evidencia cómo el trauma se instala en el sistema nervioso y condiciona la percepción de seguridad, la memoria emocional y la regulación afectiva. Muchas veces, la persona no logra verbalizar lo que ha vivido, pero su cuerpo lo expresa: tensión permanente, sobresaltos, aislamiento, ansiedad intensa. El mundo deja de sentirse predecible o seguro, y lo cotidiano se vuelve incierto.
Sin embargo, es posible sanar. El tratamiento psicológico especializado permite reconfigurar la relación con el pasado traumático, dotando al paciente de nuevas herramientas para comprender su experiencia, reconectar con su cuerpo y restablecer la confianza en sí mismo y en los demás. La terapia no borra lo vivido, pero ayuda a que deje de doler como antes.
Cuadro clínico:
– Recuerdos intrusivos o flashbacks
– Pesadillas recurrentes
– Evitación de lugares, personas o situaciones asociadas
– Hipervigilancia y sobresaltos
– Aislamiento, embotamiento emocional
Neurobiológicamente, el TEPT implica un mal procesamiento del evento en la memoria episódica y una hiperactivación de la amígdala y del hipocampo, con déficit en la modulación de la corteza prefrontal. En el plano emocional, puede generar una ruptura del sentimiento de continuidad del yo, y llevar a la persona a desconfiar del mundo y de sí misma.
Cuando la ansiedad se torna un Trastorno
La ansiedad es un afecto natural de la existencia humana. Por si solo no constituye un proble, sin embargo, se puede tornar patológico.
La ansiedad se manifiesta clínicamente a través de un conjunto de síntomas que abarcan dimensiones cognitivas, fisiológicas y conductuales. Entre los más frecuentes se encuentran la preocupación excesiva, la sensación de amenaza inminente, la dificultad para concentrarse, junto con síntomas físicos como palpitaciones, tensión muscular, sudoración, molestias gastrointestinales y alteraciones respiratorias.
En el plano conductual, suelen observarse comportamientos de evitación, inquietud motora e hipervigilancia.
Estas manifestaciones, cuando se presentan de forma persistente y desproporcionada al contexto, pueden configurar distintos trastornos de ansiedad, cuyo diagnóstico y tratamiento requieren una evaluación clínica especializada basada en criterios internacionales como los del
DSM-5

Ataque de Pánico
Un ataque de pánico es una experiencia intensa y desconcertante. El corazón se acelera, falta el aire, las extremidades tiemblan, el cuerpo se paraliza y la mente se llena de pensamientos catastróficos. Aunque no exista un peligro real, la sensación es la de estar en riesgo inminente. Para quien lo atraviesa, puede parecer una amenaza vital.
Desde el punto de vista psicológico, el ataque de pánico es una reacción extrema del sistema de defensa del cuerpo, activada fuera de contexto. Es como si la alarma interna se disparara sin motivo, pero con una intensidad avasallante. Muchas veces, se presenta de forma súbita, en momentos cotidianos: viajando, trabajando, incluso descansando. Y tras ese episodio, aparece el miedo a que vuelva, lo que genera un círculo de ansiedad anticipatoria.
Psicológicamente, el pánico revela tensiones acumuladas, emociones no expresadas o vivencias que el psiquismo no logró procesar del todo. No siempre hay un trauma único que lo cause; a veces es el resultado de una sobrecarga emocional prolongada. El cuerpo, entonces, habla lo que la mente no ha podido decir.
Pero hay salida. Con acompañamiento psicológico, es posible comprender qué desencadena estos episodios, aprender a identificar las señales tempranas, y desarrollar herramientas para enfrentarlos de forma segura. La terapia ayuda a desarmar el miedo al miedo, a recuperar la confianza en uno mismo y a restablecer el vínculo con el cuerpo.
Síntomas característicos:
– Palpitaciones, taquicardia, opresión en el pecho
– Sensación de ahogo, hiperventilación
– Mareo, desrealización o despersonalización
– Hormigueo en las extremidades, temblor
– Miedo intenso a morir o a perder el control
Clínicamente, se distingue entre el ataque de pánico episódico y el trastorno de pánico, cuando las crisis son recurrentes y afectan la calidad de vida. A nivel fisiológico, estos episodios involucran la activación del sistema nervioso simpático, con una respuesta exacerbada de lucha/huida. En terapia, se trabaja en la reeducación del sistema nervioso, la exposición gradual a los síntomas, y la reconstrucción de la sensación de seguridad interna.

Trastorno de Ansiedad Generalizada
La ansiedad generalizada no es simplemente “preocuparse mucho”. Es una experiencia persistente de inquietud interna, un estado mental en el que el futuro parece siempre incierto, y donde la mente se adelanta una y otra vez a posibles escenarios negativos. Es vivir en alerta constante, incluso cuando todo parece estar en calma.
Desde el punto de vista psicológico, la ansiedad generalizada se manifiesta como una hiperactivación del sistema nervioso que no logra desconectarse. La persona siente que no puede dejar de pensar, anticipar, calcular. A menudo aparecen síntomas físicos como tensión muscular, insomnio, palpitaciones, molestias digestivas, junto a un malestar emocional constante que erosiona la calidad de vida.
Muchas veces, detrás de la ansiedad se esconden experiencias de inseguridad temprana, exigencias excesivas, miedo al error o dificultades para tolerar la incertidumbre. El pensamiento se vuelve rígido, perfeccionista, y las emociones se reprimen en nombre del control. Así, la ansiedad se vuelve una forma de intentar protegerse… aunque termine siendo una prisión invisible.
Lo esperanzador es que la ansiedad generalizada puede ser tratada de forma efectiva. La terapia psicológica permite reconocer los patrones que alimentan ese estado de alerta, trabajar sobre los pensamientos automáticos, aprender recursos de regulación emocional y cultivar una relación más amable consigo mismo.
Síntomas frecuentes:
– Inquietud psíquica y física constante
– Fatiga crónica y sensación de agotamiento
– Dificultades de concentración (“mente nublada”)
– Tensión muscular, contracturas, cefaleas
– Trastornos del sueño
– Irritabilidad e hipervigilancia
Trastornos de la Conducta Alimentaria
Cuando comer es una forma de expresar el dolor
Trastornos de la Conducta Alimentaria – TCA
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estos trastornos se presentan con comportamientos alimentarios anormales, acompañados por una distorsión en la percepción de la imagen corporal, una preocupación excesiva por el peso y por la comida.
Los TCAs tienes distintas causas que pueden ser un aglomerado de factores orgánicos, psicológicos y sociales. De los factores psicológicos se destacan las dinámicas familiares disfuncionales y el problema de autoimagen, entre otros, que pueden involucrar también traumas.
Esos factores alteran la forma que la persona se relaciona con la comida, haciendo que el cuerpo manifieste dolores psicoemocionales que no pudieron ser tratados.
Según investigaciones, los TCA están entre las enfermedades mentales más peligrosas, con tasas de mortalidad significativamente altas si no se tratan adecuadamente.
Más adelante vamos a examinar los aspectos clave de los TCA, su relación con la salud psicológica, y cómo el tratamiento psicológico juega un papel crucial en su recuperación.

Anorexia Nerviosa
La anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria de origen multifactorial que se caracteriza por una restricción persistente de la ingesta calórica, un miedo intenso a subir de peso y una alteración significativa en la percepción del cuerpo. A pesar de mantener un peso corporal considerablemente bajo en relación con lo esperado por edad, sexo y desarrollo físico, la persona con anorexia suele verse a sí misma con sobrepeso, lo que refuerza la necesidad compulsiva de continuar adelgazando.
Desde el punto de vista clínico, el diagnóstico se establece cuando se observan criterios específicos definidos por el DSM-5, entre ellos: restricción alimentaria sostenida, miedo irracional a engordar (aunque el bajo peso sea evidente) y una autoevaluación fuertemente influenciada por el peso o la silueta corporal. Existen dos subtipos: anorexia restrictiva, donde predomina la restricción alimentaria severa, y anorexia con atracones/purgas, en la que la persona puede presentar episodios de ingesta excesiva seguidos de vómitos autoinducidos, uso de laxantes o ejercicio excesivo.
Los efectos sobre la salud física pueden ser graves y afectar múltiples sistemas del organismo, incluyendo bradicardia, hipotensión, amenorrea, desmineralización ósea, trastornos electrolíticos y alteraciones gastrointestinales, entre otros. Además, se ha documentado una elevada comorbilidad con otros trastornos psicológicos como depresión, ansiedad, trastornos obsesivo-compulsivos y rasgos de personalidad perfeccionista o evitativa.
El tratamiento psicológico es fundamental en la recuperación de la anorexia. No se trata simplemente de volver a comer, sino de trabajar en profundidad sobre las causas emocionales, los pensamientos distorsionados, la relación con el cuerpo y el manejo de la angustia. La terapia psicológica especializada permite abordar los aspectos más profundos del trastorno y acompañar el proceso de construcción de una nueva relación consigo mismo y con la comida. Este abordaje debe ser parte de un tratamiento multidisciplinario, que incluya también evaluación nutricional, médica y, en algunos casos, psiquiátrica. Cuanto más temprano se inicie el tratamiento, mejores son las posibilidades de recuperación.
La anorexia no es una elección ni una búsqueda superficial de delgadez: es un trastorno complejo, con un enorme sufrimiento subjetivo, que requiere acompañamiento profesional, especializado y sostenido en el tiempo.
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Trastornos por Atracones
El Trastorno por atracones comprende un desborde alimentario y es también llamado “binge eating disorder”, según el DSM-5) se caracteriza por episodios recurrentes de ingesta excesiva de alimentos en un corto período de tiempo, acompañados por una sensación de pérdida de control durante el episodio y un intenso malestar posterior.
A diferencia de la bulimia nerviosa, en este trastorno no se presentan conductas compensatorias como el vómito o el uso de laxantes. Esto puede llevar, con el tiempo, a un aumento significativo de peso y a complicaciones metabólicas, aunque el sufrimiento emocional muchas veces antecede a las consecuencias físicas.
Los episodios de atracón suelen estar relacionados con estados de ansiedad, vacío emocional, culpa o vergüenza, y no necesariamente con el hambre fisiológica. En muchos casos, la comida funciona como una vía de escape frente a conflictos internos no elaborados o como un intento de calmar el malestar psíquico.
El diagnóstico requiere que los atracones ocurran al menos una vez por semana durante tres meses y que provoquen un marcado deterioro en el funcionamiento emocional, social o físico de la persona.
El tratamiento del trastorno por atracones implica una intervención integral, con psicoterapia especializada orientada a identificar los desencadenantes emocionales, fortalecer la regulación afectiva y resignificar el vínculo con la comida. En algunos casos, también puede requerirse el apoyo de un profesional en nutrición y el acompañamiento psiquiátrico.
La detección temprana y el acceso a un tratamiento adecuado son fundamentales para prevenir la cronificación del cuadro y promover una recuperación genuina que no se limite al control del peso, sino que apunte al autoconocimiento, la autoestima y el bienestar emocional.

Bulímia Nerviosa
La bulimia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria caracterizado por episodios recurrentes de ingesta excesiva de alimentos (atracones), seguidos de conductas compensatorias inapropiadas destinadas a evitar el aumento de peso, como el vómito autoinducido, el uso excesivo de laxantes, el ayuno prolongado o el ejercicio físico excesivo.
A diferencia de la anorexia nerviosa, en la bulimia suele mantenerse un peso corporal dentro de los rangos normales o levemente elevados, lo que muchas veces dificulta su detección clínica.
Sin embargo, el sufrimiento psíquico es profundo y persistente, con una autoimagen distorsionada, baja autoestima y una alta preocupación por el peso y la figura corporal.
Desde el punto de vista diagnóstico, el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) establece que los episodios de atracones y las conductas compensatorias deben ocurrir al menos una vez por semana durante tres meses para ser considerados dentro del cuadro bulímico.
Las causas de este trastorno son multifactoriales, incluyendo componentes biológicos, psicológicos y socioculturales, siendo los factores psicológicos los más significativos.
Factores como el perfeccionismo, las experiencias traumáticas en la infancia, la crítica corporal en el entorno familiar o social y la presión por los estándares estéticos pueden contribuir a su aparición y mantenimiento.Es fundamental que el abordaje contemple no sólo la conducta alimentaria, sino también los conflictos emocionales subyacentes, las dificultades en la regulación afectiva y los trastornos de la identidad corporal.
Una intervención temprana mejora significativamente el pronóstico y permite trabajar en la resignificación del vínculo con el cuerpo, la comida y la autoestima.
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